Porque ya la rosa no es capaz de
soportar más ese duro invierno, no de nuevo. El frio se vuelve duro,
insoportable. Te quema lentamente, matándote, dejándote sin fuerzas hasta que
ya no eres capaz de seguir más con ese tormento.
Cada pétalo se desprende de ti, desarmándote,
dejando al descubierto para nuevas heridas. No puedes soportar más ese frio
abrazador. Ese ser que una vez fue rojo de amor se convierte en gotas de sangre
que se esparcen por el suelo, dejándote sin color.
Uno a uno desaparece, convirtiendo fácilmente
en cenizas lo que creíste indestructible. La sombra de un dolor constante, que
con cada invierno duele más, la sinfonía de un corazón roto, las tinieblas de
lo que una vez fue puro.
Y lo único capaz de consolarte es saber
que, aun por mas frio y oscuro que sea el invierno, al final de cada estación,
siempre hay y habrá ese nuevo comienzo, que te llevara a ese mismo nuevo final,
para volver a nacer, infinitas veces repetidas.
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