sábado, 15 de septiembre de 2012

Eterna.

Porque ya la rosa no es capaz de soportar más ese duro invierno, no de nuevo. El frio se vuelve duro, insoportable. Te quema lentamente, matándote, dejándote sin fuerzas hasta que ya no eres capaz de seguir más con ese tormento.
Cada pétalo se desprende de ti, desarmándote, dejando al descubierto para nuevas heridas. No puedes soportar más ese frio abrazador. Ese ser que una vez fue rojo de amor se convierte en gotas de sangre que se esparcen por el suelo, dejándote sin color.
Uno a uno desaparece, convirtiendo fácilmente en cenizas lo que creíste indestructible. La sombra de un dolor constante, que con cada invierno duele más, la sinfonía de un corazón roto, las tinieblas de lo que una vez fue puro.
Y lo único capaz de consolarte es saber que, aun por mas frio y oscuro que sea el invierno, al final de cada estación, siempre hay y habrá ese nuevo comienzo, que te llevara a ese mismo nuevo final, para volver a nacer, infinitas veces repetidas.

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