Ruegas
porque ese momento no llegue, pero siempre llega, cada noche, cuando estás
sola, llega.
Pero
esta noche es diferente, cuando empieza no ves el momento en que termina. Solo
eres consciente de ese insufrible dolor que sientes dentro de ti. Arañas tus
brazos intentando inútilmente ignorar el dolor, pero aun es más fuerte que el que
te infringes.
Aprietas
los puños con fuerza, sientes los miles de temblores que recorren tu cuerpo,
las lágrimas brotan de tus ojos sin darte cuenta, los gemidos salen de tu
garganta, incapaz de controlarlos.
Caes
al suelo pesadamente, sientes el frio piso bajo ti, tan frio que al solo
contacto te quema, pero no te apartas, no tienes suficientes fuerzas para
moverte, y menos las ganas.
Sientes
el vacio incrementándose dentro de ti, la oscuridad que te consume, las sombras
del pasado quemándote, hiriéndote, un dolor imposible de explicar.
Las
paredes se achican a tu alrededor, encerrándote más profundo en tu aflicción, el
aire se vuelve denso, haciéndolo imposible de respirar, le sonríes a la cercana
muerte, sonrisa que se convierte en una mueca de dolor al darte cuenta que aun
tienes lo suficiente para seguir viviendo.
Desesperadamente
buscas el dolor dentro de ti, pero no lo encuentras, solo sabes que está en tu
interior, en alguna parte de tu desgastada alma. La desesperación se convierte
en histeria, la histeria en agonía.
Escuchas
los gritos de tu alma pidiéndote que pare, pero es imposible. Tapas tus oídos con
tus manos pero los gritos vienen de ti. ¡Cállate!
Te gritas, pero la parte de ti que sufre te ignora.
Buscas
la manera de ahogar tu dolor, tratas recordar momentos felices, momentos en los
que fuiste verdaderamente feliz, pero la decepción te golpea al darte cuenta
que, en ningún maldito momento de tu vida, has sido feliz.
Yare me gusto mucho n.n, narrandolo así es más facil transmitir el sentimiento...
ResponderEliminarbastante bien ;)
Gracias XD
ResponderEliminarAhora entiendo porque siempre me dices que te deje comentarios...